martes, 1 de marzo de 2016

y duele

Hoy volví a pensar en mi mesías, el que me arranca de mí. Hoy volví a reponer mi salvación, a reposicionar mi ímpetu. Anoche volví a soñar con esa silueta, sí, esa que anhela mi inconsciente, esa que me mueve mis 25 pisos y hasta algún subsuelo. Hoy volví a despertarme sin ganas de seguir durmiendo, sin esas ganas de desear la amargura, sin esas ganas. Hoy sentí que volvía, esa caricia de escarcha en pleno febrero, esa escena ridícula de la película en la que los amantes se alejan. Hoy sigue siendo ayer y me alegro que yo siga siendo hoy, porque aunque me duela la tristeza, el dolor me acerca a mi más póstumo deseo, el de volver a ser yo mismo. Pero hoy percibí tu llamada, la que se anuncia de lejos, la que me deja soñando, esa sonrisa plácida de la primavera inesperada. Hoy volví a ver tu rostro en algún azahar, fervor en la palabra, abrigo en el sonido, perfume en la carta, risa en el mensaje, etc. Hoy capté mi inocencia en mi intento inútil de olvidarte, mi insolencia al desearte la plenitud, mi solvencia al inculcarte la paciencia, mi soberbia al mentirte sabor. Ayer te deseaba lejos, quizás mañana te vuelva a aggionar. Hoy te desperté desnuda, mañana quizás te desnude dormida. Mañana te voy a desayunar en pijamas, quizás, hoy, ya te almorcé. Lamentablemente hoy te sigo eligiendo como mi ayer, y mi hoy, y mi mañana se nubla de celos y se tapa los oídos, así que dejo que todos se nutran. Para mí, ayer es mañana y hoy ya no sé, ni quiero. Estás en la mesada, en el piso y en la ventana. No te puedo barrer, ni cerrar ni sacudir. Ni quiero. Pero me nace. Nací en revolución. Llegaste y te fuiste. Dos veces. En la primera no entendí, y en la segunda, me acordé: me olvidé. Me olvidé quien soy. Dejá de dejarme y por favor empezá por comenzarme. Mejor dicho. No me dejes dejándote solo. Al menos pongámonos de acuerdo, y dejemos que el tiempo nos deje. Hoy te quise dejar, y tampoco pude. Hoy pude llamarte a gritos en silencio, te pedí que me dieras alguna señal, te pedí por favor, no necesitarme, y sin embargo, ahora llueve. Por favor, ni que fuera a propósito. Por favor, si llueve: llorás, y si llorás, lluevo. Llueve y truena, y hoy te leí, leí un 27 de febrero, todas las noches te quiero leer, de vez en cuando escribís. Te leo y me llovés revolución, esa que huele a tierra mojada, a pasto recién cortado, a habano, a la Habana, a la Toscana, a París, a Buenos Aires, a Rosario, a mi jardín y a tu pelo mojado, y duele. Llueve, y me duele. 

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